miércoles, 14 de mayo de 2008

FRENTE POPULAR
















A finales de 1935 empezó a gestarse una gran coalición de partidos de izquierdas que se preparaba para las elecciones de febrero de 1936 y que poco más tarde se conocería como Frente Popular. El pacto entre republicanos y socialistas pretendía un programa reformista pero desde la derecha se identificó como un pacto revolucionario. El llamado Frente Nacional o de Orden se creó para oponer sus intereses a los de las izquierdas en las elecciones más reñidas que hasta entonces había vivido España.
La larga campaña electoral que tuvo lugar entre el 4 de enero y el 16 de febrero de 1936 se prometía como una de las más duras de la historia de España. La unidad de las izquierdas quedó plasmada en el Frente Popular, la coalición izquierdista formada ante las elecciones de 1936 propuesta por el Partido Comunista. Además los anarquistas, aunque no entraron a formar parte del Frente Popular por negarse ideológicamente a colaborar con un sistema democrático, apoyaron las candidaturas para la liberación de los presos políticos. Oponiéndose a ellos se formó el Frente Nacional o de Orden cuya cabeza más visible era la CEDA de Gil Robles que lanzó una agresiva campaña electoral presentándose como la última y única alternativa de defensa ante una inevitable revolución bolchevique. Su fotografía de jefe miraba retadoramente desde los carteles situados en la Puerta del Sol madrileña. Dentro de esa coalición derechista quedó fuera la Falange porque no hubo entendimiento entre José Antonio Primo de Rivera y Gil Robles. Este hecho, de relativa poca importancia, marcaría el desarrollo posterior de la guerra civil.






FORMACIONES CENTRO-IZQ.
ESC
FORMACIONES CENTRO-DER.
ESC
PSOE
88
CEDA
101
IZQUIERDA REPUBLICANA
79
PARTIDO DEL CENTRO
21
UNIÓN REPUBLICANA
34
COMUNIÓN TRADICIONALISTA
15
ESQUERRA CATALANA
22
RENOVACIÓN ESPAÑOLA
13
PARTIDO COMUNISTA
14
LLIGA REGIONALISTA
12
ACCIÓ CATALANA
5
PARTIDO AGRARIO
11
ORGA (Nacionalistas gallegos)
3
PARTIDO RADICAL
9
OTROS PARTIDOS CENTRO-IZQ.
18
OTROS PARTIDOS CENTRO-DER.
28
Vistos los resultados el Frente Popular obtuvo una ajustada victoria. El entusiasmo de sus partidarios fue ilimitado. Una gran multitud se dirigió al Ministerio de la Gobernación en Madrid con una única palabra: ¡Amnistía!. Un partido por encima de todos había experimentado un mayor crecimiento tras conocerse los resultados de las elecciones. Era el PCE (Partido Comunista de España). Este partido nació tras una escisión del PSOE en 1920. Al proclamarse la República contaba con alrededor de 3.000 militantes, cifra bastante modesta. En 1933 obtuvo su primer representante en Cortes y tras las elecciones de febrero de 1936 obtuvo 14 diputados. En Oviedo, una de sus principales dirigentes, diputado por Asturias, Dolores Ubárruri “La Pasionaria” abrió las cárceles donde se alojaban gran parte de los revolucionarios de 1934. Pero los socialistas se negaron a formar parte del nuevo gobierno, simplemente lo apoyaron débilmente, y los políticos republicanos quedaron irremisiblemente atrapados entre el pánico de los conservadores y las nuevas esperanzas de la clase trabajadora. Las huelgas y las invasiones de tierra aumentaron, los conflictos sociales y laborales amenazaban más que nunca el orden constitucional.Desde la derecha Gil Robles había caído en desgracia, las esperanzas de la España conservadora se centraban ahora en un nuevo y carismático líder, José Calvo Sotelo. Para un numero creciente de partidarios de la derecha, y tal y como había ocurrido antes con la izquierda, el juego parlamentario había resultado un doloroso desengaño. La creciente polarización de la sociedad española se reflejó primero en su juventud. Unos 15.000 militantes de las juventudes de la CEDA abandonaron el partido y se unieron a un movimiento más combativo, la Falange, que como ya hemos visto, había sido fundada por José Antonio Primo de Rivera en 1933.
En 1934, junto a Ramiro Ledesma Ramos y Onésimo Redondo, fundadores de las JONS (Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas) había negociado su fusión con la Falange. El nuevo partido, Falange Española y de las JONS, empezó a existir el 13 de febrero de 1934 adoptando el símbolo del yugo y las flechas. Sin embargo, la Falange fue siempre un partido minoritario hasta el extremo de que al concurrir en solitario a las elecciones de 1936 se quedó fuera del juego parlamentario sin obtener ni un solo escaño. Debido a ello en marzo de 1936, ante la creciente espiral de violencia impulsada por la Falange, José Antonio, privado de inmunidad parlamentaria, fue detenido y las oficinas de Falange clausuradas. Aún así la violencia callejera y los crímenes políticos siguieron en aumento tanto por parte de la izquierda como de la derecha.
El presidente de la República pidió nuevamente a Manuel Azaña que formara gobierno. Pero nada podía ya detener las pasiones políticas. En la ciudad los puños y las pistolas habían reemplazado al debate político, en el campo la violencia se había convertido en el último recurso para escapar de la pobreza. En Extremadura la paciencia de los jornaleros extremeños se había agotado. En un solo día, el 25 de marzo de 1936, unos 60.000 jornaleros ocuparon casi 3.000 fincas. Los terratenientes ya no temían sólo por sus posesiones sino por sus vidas. El descontento popular tenia el signo opuesto en Navarra, el feudo carlista de campesinos profundamente conservadores estaban dispuestos a defender Dios, Patria y Rey hasta la muerte. Los carlistas se habían rebelado contra la anarquía liberal en el siglo XIX, ahora se disponían a enfrentarse a una República que consideraban roja y atea. Para un número creciente de militares el golpe de estado era la única forma posible de restablecer el orden. Advertido de las conspiraciones militares, el gobierno decidió enviar a los generales mas abiertamente derechistas lejos de la Península. El general Franco fue enviado a las islas Canarias, el general Mola fue únicamente trasladado a Pamplona donde se convirtió en el “Director”, el cerebro del complot.
A principios de abril se originó una polémica constitucional sobre la presidencia de la República. La Constitución establecía la posibilidad de deponer a su presidente (Alcalá Zamora) dado que había disuelto las Cortes en dos ocasiones. Dimitido éste, Manuel Azaña fue el único candidato a ocupar su puesto que estaban dispuestos a votar las izquierdas. La jefatura del gobierno pasó a otro republicano, Santiago Casares Quiroga. El 1 de mayo de 1936 se celebraron en España los tradicionales desfiles de la fiesta de los trabajadores. Las manifestaciones sindicales tenían por objeto demostrar a los enemigos de la República el poder de la izquierda. Durante esa jornada, los discursos inflamados del líder socialista Francisco Largo Caballero contribuyeron a la radicalización de las masas. Largo Caballero, apodado “el Lenin español” se había convertido poco a poco en un líder revolucionario. Durante esta manifestación cundió además el rumor infundado de que unas monjas habían dado caramelos envenenados a unos niños. Grupos de manifestantes atacaron y prendieron fuego a un convento. Las autoridades republicanas se mostraron nuevamente impotentes ante la ira anticlerical de algunos sectores de la sociedad.
También en mayo los anarquistas celebraron su congreso anual en Zaragoza. El congreso exigió esfuerzos para acabar con la división interna y para concertar una alianza con la UGT pero a nadie se le ocurrió preparar la actuación ante el creciente peligro de un golpe de estado que sobrevolaba el país. No hubo pues ningún acuerdo sobre el futuro armamento de las milicias o sobre la organización de un ejército revolucionario.
Entretanto el 25 de mayo, el general Mola desde Pamplona dio un plan estratégico detallado sobre la preparación del alzamiento. Lo firmaba con el sobrenombre de “El Director”. Dos días después entró en contacto desde la cárcel Modelo de Madrid con José Antonio, el líder de la Falange, que inicialmente no estuvo completamente de acuerdo con el desarrollo del plan. El 5 de junio, José Antonio fue trasladado a la cárcel de Alicante pero para entonces ya había aceptado la idea de que era inevitable un golpe militar y que la Falange debía participar en él. En consecuencia prometió que 4.000 falangistas prestarían ayuda al golpe. A finales de junio lo único que faltaba para fijar la fecha del alzamiento era el acuerdo con los carlistas. Tantos éstos como los falangistas estaban planteando muchas exigencias al general Mola, que veía indispensable para el triunfo contar con el apoyo civil de estos grupos. Los carlistas estaban obsesionados por los colores de la bandera bajo la cual se sublevarían, los falangistas planteaban problemas de autoridad. El 7 de julio de 1936, como cada año, se celebraron las fiestas de San Fermín en Pamplona, Mola aprovechó la ocasión para dejar completamente zanjada la cuestión. Escribió a Manuel Fal Conde, dirigente carlista, prometiéndole que resolvería la cuestión de la bandera después del levantamiento. Por su parte, José Antonio, que inicialmente había criticado el plan de Mola, se mostraba ahora más dispuesto a apoyarlo. Mola decidió que había llegado el momento. Desde las Canarias el general Franco se comunicó con el cerebro de la conspiración a pesar de que aún no estaba seguro de que hubiera llegado el momento propicio para el levantamiento. Pese a todo el plan para trasladar a Franco a Marruecos para ponerse al frente de la rebelión en la zona siguió adelante. El contacto de Mola en Londres había alquilado un avión de transporte “Dragon Rapide” y localizó en el aeropuerto de Croydon a un piloto independiente, el capitán Bebb que se mostró dispuesto a cooperar. Bebb despegó de Croydon el 11 de julio, y un día después hizo escala en Casablanca, en el Marruecos francés.
Esa noche en Madrid, iba a desencadenarse la tragedia. El teniente de la Guardia de Asalto José Castillo salía de su casa para empezar su servicio. Castillo, que el día anterior había reprimido con dureza una manifestación monárquica, ya había recibido amenazas de muerte de la ultraderecha. Fue muerto a tiros por cuatro hombres armados que escaparon. Los camaradas del teniente muerto, indignados, exigieron de las autoridades una lista de sospechosos a los que detener. También pidieron medidas contra la Falange, aunque nunca quedó claro que los asesinos fueran falangistas. Entre los que clamaban venganza estaba un capitán de la Guardia Civil, Fernando Condés, íntimo amigo de Castillo. Alguien sugirió que fueran a la casa del líder de la CEDA José María Gil Robles, pero éste se encontraba ausente de vacaciones por lo que finalmente se decidió ir al domicilio del diputado conservador José Calvo Sotelo. Hacía las tres de la mañana del 13 de julio Calvo Sotelo fue convencido por Condés y otros para que les acompañara a la comisaría, a pesar de que su inmunidad parlamentaria le eximía de ser detenido. El coche arrancó y a unos 200 metros de su casa, Luis Cuenca, un joven socialista que iba sentado a su lado, le disparó dos tiros en la nuca. Calvo Sotelo fue asesinado a pesar de que las autoridades republicanas no habían ordenado su detención. Pero inevitablemente se culpó al gobierno de su muerte, al fin y al cabo, Calvo Sotelo había sido asesinado bajo la custodia de la policía republicana. La clase media española quedó paralizada por este cruel asesinato y ello proporcionó a los golpistas gran apoyo popular en un momento decisivo. El 14 de julio Bebb despegó de Casablanca rumbo a las Canarias. Poco a poco se estaban concretando todos los aspectos del golpe.
Mientras tanto la izquierda se preparaba para el golpe que se avecinaba. Los socialistas seguían divididos pero su movimiento juvenil si parecía más concienciado de la gravedad de la situación y a finales de junio llegó la tan esperada fusión entre los movimientos juveniles socialistas y comunistas que dio lugar a las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) formada en su mayoría por dirigentes socialistas (como Santiago Carrillo) pero cuya línea política era comunista. El gobierno republicano de Casares Quiroga parecía no tomarse totalmente en serio la situación. Diversos políticos de izquierda visitaron al jefe de gobierno rogándole que hiciera todo lo posible para evitar cualquier intentona del ejército, incluso le pidieron que repartiera armas al pueblo, pero Casares, temeroso de perder su última posibilidad de mantener el orden se negaba constantemente limitándose a decir que estaba seguro de que no ocurriría nada. El 17 de julio de 1936 nada podía salvar ya a España de una guerra civil.

BIENIO RTEFORMISTA


El Bienio Reformista (1931-1933)

Tras aprobarse la Constitución, se inició un nuevo período con un gobierno presidido por Manuel Azaña y formado por republicanos de izquierda y socialistas. En diciembre, Niceto Alcalá Zamora fue elegido Presidente de la República.

El gobierno republicano-socialista emprendió un amplio programa de reformas en un contexto económico desfavorable, marcado por el ascenso del paro. Estas fueron sus principales medidas:

Reformas laborales, iniciadas desde el Ministerio del Trabajo por el socialista Largo Caballero, que favorecían la posición de los trabajadores y sindicatos y encontraron la cerrada oposición de los empresarios.


Reforma educativa:

Amplio programa de construcción de escuelas y contratación de maestros: 6750 escuelas y 7000 maestros con mejores salarios.

Enseñanza mixta

La Religión dejó de ser asignatura obligatoria lo que agudizó el enfrentamiento con la Iglesia

Reforma militar. Buscando garantizar la fidelidad del Ejército al nuevo régimen republicano y propiciar la reducción del excesivo número de jefes y oficiales, se exigió el juramento de fidelidad al nuevo régimen republicano, pudiendo optar los que se negaran a ello al retiro voluntario con paga completa.


Reforma agraria:

Se aprobó en 1932 la Ley de Bases de la Reforma Agraria. Con ella se buscaba el reasentamiento de campesinos sin tierra en latifundios insuficientemente explotados.

Su aplicación fue un fracaso y muy pocos campesinos se beneficiaron de la ley. Esto provocó un decepción generalizada entre el campesinado en un contexto económico de paro creciente.



La oposición al gobierno

La derecha tradicional quedó desorganizada tras la proclamación de la República en los primeros meses del nuevo régimen. La oposición conservadora quedó restringida a las Asociaciones Patronales como la Unión Económica Nacional y el Partido Radical de Lerroux. Este grupo de centro-derecha dirigió la oposición al gobierno en las Cortes.

Por otro lado, la izquierda revolucionaria no dio tregua al nuevo gobierno. La Confederación Nacional del Trabajo (CNT), con más de un millón de afiliados, siguió la línea extremista marcada por los militantes de la Federación Anarquistas Ibérica (FAI). El minoritario Partido Comunista de España (PCE) se hallaba también instalado en una línea radical, defendida en aquel momento por la Komintern y Stalin.

Las tensiones sociales y políticas

La crisis económica, la línea radical propiciada por la CNT y la negativa de la patronal a las reformas llevaron a un marco de fuertes tensiones sociales. Los enfrentamientos entre huelguistas y la Guardia Civil fueron frecuentes y a menudo violentos (Castilblanco, Arnedo, Baix Llobregat).

El debate en Cortes del Estatuto de Cataluña y la Ley de Reforma Agraria provocaron un oposición cerrada en las fuerzas de derecha. De nuevo, las fuerzas conservadoras recurrieron al tradicional método de la insurrección militar. El general Sanjurjo intentó un golpe de estado militar en Sevilla agosto de 1932. La "Sanjurjada", mal preparada y con desigual apoyo en el ejército, fracasó.

La reacción de las fuerzas que apoyaban al gobierno fue inmediata. Las Cortes aprobaron la Ley de Reforma Agraria y del Estatuto de Autonomía de Cataluña. En este territorio, la Esquerra Republicana de Catalunya, dirigida por Francesc Maciá, triunfó en las primeras elecciones autonómicas.

Pese al fracaso de Sanjurjo, el gobierno republicano-socialista daba muestras de claro desgaste. En ese contexto, se produjeron los graves incidentes de Casas Viejas, en los que la Guardia de Asalto sitió y mató a un grupo de campesinos anarquistas. El escándalo consiguiente llevó al gobierno a la decisión de convocar nuevas elecciones en noviembre de 1933.

Para estas elecciones, la derecha se había reorganizado. Tres nuevos grupos se presentaron a los comicios:

La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), dirigida por Gil Robles, grupo mayoritario auspiciado por la Iglesia Católica.

Renovación Española, dirigida por Calvo Sotelo, en la que se agruparon los monárquicos.

Falange Española, la versión española del fascismo, dirigida por Jose Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador.

Mientras la izquierda se presentó fragmentada en múltiples grupos y los anarquistas llamaron a la abstención.

Las elecciones dieron la victoria de los grupos conservadores: Partido Republicano Radical y la CEDA.

El triunfo conservador fue contestado por una insurrección anarquista que fue tuvo como resultado más de cien muertos.

miércoles, 7 de mayo de 2008


SEGUNDA REPUBLICA: BIENIO PROGRESISTA

Este periodo está caracterizado por el esfuerzo del gobierno por modernizar la nación y sacarla de su atraso secular tanto en materia económica como social. En este periodo se elabora y aprueba la constitución, convirtiéndose en una de las más avanzadas de la época. La nueva constitución supone el primer enfrentamiento grave con la iglesia, que no la acepta.

Se aborda la reforma del ejército, con el fin de mejorar su grado de eficiencia. Se aborda la reforma agraria. Se concede el estatuto de autonomía a Catalunya y más tarde a otras regiones. Se mejoran las condiciones laborales y los salarios. Se crean numerosas escuelas y se fomenta la alfabetización.

Todas estas reformas encuentran una importante oposición por parte de los poderes oligárquicos del país. El ejercito, la iglesia, el gran capital y las fuerzas conservadoras y monárquicas ven peligrar su tradicional estatus preponderante y se oponen por todos los medios a su alcance a este progreso.

Así la Republica sufre en agosto de 1932 un frustrado intento de golpe de estado, dirigido por el general Sanjurjo y respaldado por las fuerzas antirrepublicanas y la iglesia.

La situación económica internacional está marcada por la crisis mundial de 1929 y esto viene a agravar los problemas económicos de la Republica. Esto lleva a que unido a todo lo anterior las reformas se desarrollen de forma lenta, lo que provoca rechazo por parte de los jornaleros, campesinos y obreros decepcionados, por los progresos reales frente a las expectativas que el nuevo régimen creó.

Se producen huelgas, manifestaciones y levantamientos obreros, que tienen su máximo exponente en los sucesos de Casas Viejas, donde la Guardia Civil ejecuta una masacre.

Este último suceso y el revuelo consiguiente provocan una profunda crisis gubernamental, que tras la formación de dos gobiernos sucesivos desemboca en la disolución de las cortes y la convocatoria de elecciones generales.

PROCLAMACION DE LA II REPUBLICA EN ESPAÑA

Así llegamos al año 1931, en que el régimen monárquico se encuentra inmerso en una profunda crisis. El rey nombra un nuevo gobierno e intentando demostrar buena voluntad al pueblo, convoca elecciones municipales. Desde su alejamiento de la realidad del pueblo español, el monarca y su gobierno ignoran la antipatía que este pueblo les profesa y creen que las elecciones se saldarán con un respaldo mayoritario para la monarquía.
Nada más lejos de la realidad. Los Socialistas, republicanos y demás fuerzas anti-monárquicas se lanzan a una intensa campaña electoral a favor de un estado republicano.
El resultado de las elecciones es una ínfima mayoría para los monárquicos, pero en si supone una derrota para estos, puesto que pierden en 41 de las 50 capitales de provincia y eso aun a pesar de la corrupción reinante.
El pueblo masivamente se echa a la calle para vitorear la II Republica y pedir el fin de la monarquía.
Alfonso XIII por fin entiende la situación y abandona el país, forzado por el rechazo popular para no regresar más.
Es el 14 de abril de 1931. Alcalá Zamora, Azaña y Largo Caballero entre otros, proclaman desde el Ministerio de Gobernación la II Republica